Imagen de Corbis

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La semana pasada me invitaron al programa Es la Hora de Opinar para hablar del momento que vive México a mitad de sexenio. Leí los artículos que escribieron en nexos de este mes Héctor Aguilar Camín, José Woldenberg y Jesús Silva-Herzog, en los cuales describen un país de contradicciones, con una clase política hundida en una crisis de conflictos de interés y corrupción, y una ciudadanía desencantada.

Añadiría que la clase política del país se ha quedado sin narrativa. Esta crisis de la narrativa se explica de distintas maneras:

El PRI no logró crear una historia de dónde estamos y hacia dónde vamos. La idea de “Mover a México” pudo ser buena como un slogan de campaña pero nunca se desarrolló una vez en el gobierno. Es una frase hueca. Además, la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa en Iguala y la publicación del artículo que documenta el conflicto de interés de la esposa del presidente con la compra de “la casa blanca” parece haberlos paralizado. Quizá se trate de una estrategia consiente: nadar de muertito en lo que se calman las aguas. De hecho, no les resultó mal, el PRI ganó la mayoría en las elecciones intermedias. Dicho de otra manera: su cinismo llega hasta donde su voto duro alcance.

Aún con una pésima calificación presidencial ni el PAN ni el PRD han sabido ser oposición. Firmaron el Pacto por México y no tienen los resultados que justifiquen su actuar. No han sabido (por incompetencia o por que el pacto va más allá de las reformas estructurales y se convierte en un “te cuido para que me cuides”) construir un discurso contundente contra la corrupción acompañado de acciones claras. Tampoco me parece que quede muy claro qué significa hoy ser panista o perredista, qué quieren, qué hacen con el poder.

Andrés Manuel López Obrador y Morena mostraron su fuerza en las elecciones intermedias. Si bien AMLO tiene un discurso anti-corrupción desde hace tiempo, se trata de un personaje que divide. Sabemos que estará listo para competir en el 2018 pero no sabemos qué tipo de candidato será. Cambió su imagen entre el 2006 y el 2012, ¿se reinventará para el 2018? ¿Qué hará Morena en las cámaras? Esa narrativa no la tengo yo muy clara aún.

Se ha presentado la vía por fuera de los partidos, la posibilidad de los candidatos independientes. Quizá pueda llegar por esa vía alguien con una narrativa que ilusione, que emocione. Pinta dificilísimo. Un movimiento de la sociedad civil apuntalado por un candidato independiente que logre entusiasmar, que tenga un discurso sólido de a dónde vamos como país, y al final, que sea creíble que puede cumplir.

Aún sin candidato hay movimientos interesantes en la sociedad civil pero hasta ahora han servido más para poner altos, para protestar. 3 de 3 es un esfuerzo interesante en contra de la corrupción y los conflictos de interés; las peticiones en Change.org han servido para protestar el nombramiento de Medina Mora, exigir proteger la autonomía de la corte, o presionar para que se apruebe el uso de la mariguana medicinal, por decir algunos ejemplos. Todo esto son pinceladas del rumbo que se quiere tome el país, pero falta consolidar una idea, una narrativa.

¿Qué personajes le dará tiempo de construir a los partidos políticos y a la sociedad civil, qué discursos, qué historias?