Con la publicación del documento “Desigualdad Extrema en México: Concentración del Poder Económico y Político” de Gerardo Esquivel para Oxfam México, se han vuelto a poner sobre la mesa datos que describen nuestra cotidianidad, y que la retan, o deberían hacerlo:

— hay 53.3 millones de personas viviendo en pobreza

— al 1% más rico le corresponde un 21% de los ingresos totales de la nación

— el 10% más rico de México concentra el 64.4% de toda la riqueza del país

— el salario mínimo: si un mexicano percibe esta cantidad y mantiene a alguien, a ambos se les considera pobres extremos.

Los números de pobreza y desigualdad son escandalosos. Una de las preguntas pertinentes, me parece, es por qué no vemos revueltas en contra de esta situación. Yo no tengo respuesta: sirva esto como inicio de una discusión.

desigualdad

En enero de 2014 Matt Miller reflexionaba sobre la desigualdad en Estados Unidos. ?Por qué no han hecho nada los norteamericanos para protestar la desigualdad? Cita entonces a Will Wilkinson del CATO Institute para decir que la tecnología ha reducido el precio de muchos bienes que las personas más pobres no podían comprar y a las que hoy sí tienen acceso: refrigeradores, computadoras, teléfonos portátiles.

Si bien esto puede sonar a cierto, los datos del reporte de Esquivel lo desmienten para el caso mexicano. Hay un gran número de mexicanos que no tienen acceso a este tipo de bienes: no les alcanza ni para cubrir sus necesidades básicas.

Después, el mismo Miller cita un estudio de Dan Ariely en el que preguntaron a las personas cómo veían la repartición de la riqueza. Las personas contestaron que el 40% más pobre tenía el 9% de la riqueza y el 20% más rico tenía el 59%. En realidad el 40% más pobre tiene el 0.3% de la riqueza y el 20% más rico tiene el 84%.

En México, cada vez que alguien escucha los datos de los reportes del CONEVAL o ahora que se están comentando los datos del reporte de Oxfam, la sorpresa de quien no está familiarizado con los datos nos habla de que hay una creencia generalizada de que somos un país muy desigual pero que subrepresentamos al grado que lo somos.

¿Puede esta subrepresentación explicar a falta de protesta? Sin duda ayuda.

Dado que tenemos una democracia podríamos dejar de pensar en revueltas y preguntarnos por qué no hemos logrado que se represente los intereses de esa mayoría. En un artículo de enero de este año David Samuel de la Universidad de Minesota pregunta por qué los políticos son más sensibles a las preferencias del 1% más rico que a las del resto de la población.

Su argumento es así: Si la mayoría de las personas tienen un ingreso por debajo del promedio, y estas personas tienen preferencias por poner impuestos a las personas que ganan por encima para redistribuir ese ingreso, la democracia debería producir presiones redistributivas. Sin embargo, en un estudio encuentra lo contrario: cuando aumenta la desigualdad bajan las exigencias redistributivas. ¿Por qué? porque los votantes norteamericanos no se identifican como pobres o de la clase trabajadora y menos entienden cuánta riqueza más que ellos tienen los ricos.

Aún más, la mayoría de los votantes creen que el capitalismo es justo y se oponen a políticas del tipo de "Robin Hood" y prefieren políticas públicas que aumenten las oportunidades económicas por encima de la redistribución.

Desconozco algún estudio o encuesta que capture para México las preferencias de los votantes sobre políticas redistributivas, pero es claro que no fueron la prioridad de ningún partido político en estas últimas elecciones.

Finalmente en el New York Times se publicó un artículo de Thomas B. Edsall en el que aborda el problema desde el punto de vista sociológico. Observa que la “solidaridad” (el pegamento de la sociedad) ha ido desapareciendo en Estados Unidos, y ha dado lugar a una “individualización” que es como una espada de doble filo. De un lado los individuos ganan algunos derechos y libertades pero también adquieren riesgos y responsabilidades.

A partir de esta “individualización” la acción colectiva ha cambiado. Los movimientos sociales hoy privilegian movimientos específicos que tienen que ver con lo individual como los derechos de los homosexuales, el feminismo, etc. pero no se prestan para demandas económicas en nombre de los pobres.

De nuevo faltan datos para México, pero el argumento parece describir bien lo que pasa aquí también.

Si bien faltan estudios en México, falta también que se socialicen los pocos datos que tenemos, como este estudio, si queremos que cambien las cosas.