Desde la publicación de la encuesta del periódico El Norte que pone como puntero al candidato independiente Jaime Rodriguez, conocido como El Bronco, los ojos de todo el mundo han volteado a ver la elección a gobernador de Nuevo León y al peculiar candidato. Más aún han dado de qué hablar las declaraciones del expresidente Felipe Calderón (quien dijo que El Bronco es un peligro por su postura anti institucional) y la repuesta de Rodriguez diciendo que Calderón seguramente seguía pedo cuando lo criticó.

En su columna de hoy Carlos Puig – a quien agradezco la invitación a sus lectores a leer un artículo sobre candidatos independientes en el DF que escribí para Nexos del mes de mayo- dice que Rodriguez no es independiente porque ha militado en el PRI durante 33 años, y que si votan por él los neoleoneses no elegirán a un independiente, sino a un “priísta encabronado”.

La verdad es que El Bronco es las dos cosas. Es priísta encabronado y candidato independiente. Sucede que la palabra “independiente” invita a creer todo tipo de bondades, cuando, en este contexto, solamente significa “sin partido”.

El Bronco tal vez sea un candidato no deseable, pero está demostrando que puede ser un candidato ganador. La paradoja es que, si es cierto que sería mal gobernador y gana, se puede tratar de una mala noticia en el corto plazo pero buena en el largo. Son justamente los “candidatos ardidos” los que pueden generar el mayor cambio en la calidad de los candidatos que nos ofrecen los partidos.

El ardido que se sale del partido se lleva el know-how y los contactos para conseguir estar en la boleta. Los otros, como creo haber mostrado en el artículo, son mayoritariamente ciudadanos idealistas sin posibilidades reales de ser candidatos con las reglas actuales (que en mi opinión, deberíamos de cambiar). Así que nos quedan personajes ardidos que pueden dar una pelea creíble por fuera del partido como candidatos independientes. Esto debería llevar a los partidos a poner mejores candidatos: candidatos competitivos. En este sentido, los “candidatos ardidos”, buenos o malos, pueden ser un factor disruptor de la manera poco democrática y transparente en que los partidos eligen a sus candidatos.

En la teoría, la amenaza de candidatos independientes con posibilidades de ganar generará que los partidos pongan mejores candidatos.

Un reto importante es el que los candidatos independientes presentan a los medios de comunicación. Estos no han pasado el “filtro” de los partidos y si bien los medios deberían ver con lupa a todos los candidatos, le deberían prestar especial atención a los independientes. Esto serviría para evitar que la gente, como sugiere Puig, vote por un independiente sólo por la etiqueta. Sólo por lo que interpreta que dice esa etiqueta, que en realidad, lo único que dice es que no tiene el respaldo de ningún partido. Y eso puede ser por buenas o por pésimas razones.