Hace poco empezó la época electoral con pre-campañas y campañas a miembros y simpatizantes de los partidos políticos y al público en general y nos enteramos una y otra vez de sanciones que el INE ha impuesto al Partido Verde Ecologista por violar los lineamientos que marca la ley.

He seguido con interés una discusión que ha planteado tanto en su columna como en su programa de radio Denise Maerker y que tiene como eje la pregunta: ?por qué votamos por malos políticos? Esta pregunta la planteó primero con respecto a la elección de Hilario Ramirez como presidente municipal de San Blas y ahora lo hace por la alta intención de voto que tiene el partido Verde.

La pregunta es indispensable. Su respuesta requiere cuidado, pues las implicaciones son tremendas.

Ya antes se aproximó a ella Soledad Loaeza en su artículo Ciudadanos de a mentiritas. Ahí habla del juicio fácil que se hacía en el 2012 de que el electorado priísta era manipulado, borrego y miedoso. Criticaba Loaeza que "una de las reacciones de Andrés Manuel López Obrador ha sido llamarlos corruptos, y Ricardo Monreal, entre otros, pone en duda su existencia, cuando no los trata como si su cabeza vacía hubiera sido llenada sin ningún freno por la televisión y las empresas encuestadoras". Más adelante denunciaba que "los denunciantes del voto priísta se han concentrado en los regalos de campaña y en tarjetas de prepago para demostrar que esos sufragios no fueron la libre expresión de una voluntad política sino producto de la coerción y de la corrupción (la compra del voto). No toman en cuenta que desde la derrota en la elección presidencial de 2000, el PRI inició una trayectoria de recuperación que es una curva ascendente continua [...] además, la mayoría de los estados de la República está gobernada por priístas."

Vale la pena ir por partes. Cuando se habla de pueblo manipulado, borrego y miedoso hay un claro juicio de que los mexicanos son (somos) manipulables por la televisión. Hace eco el comentario que, por pereza o por falta de creatividad, oímos una y otra vez : "es que es el pueblo que ve telenovelas y no entiende nada".

Por otro lado está el populismo/clientelismo y la compra del voto. Recibir algún bien de un político puede crear un lazo, pero también está la posibilidad de que, como sugería AMLO "reciban lo que les den y voten su consciencia"). La conclusión de Maerker es que la elección de por quién votar "no es una cuestión de información, sino de necesidad". Apunta que hay quien piensa que recibir una tablet de parte de un político lo posiciona como el mejor porque "los demás no le han dado nada a los muchachos".

Visto de este modo, las multas pagadas por haber roto la ley, resultan inversiones muy redituables para partidos que se entienden a sí mismos como negocios: obtienen enormes presupuestos y capacidad de influir en la política pública para beneficiar sus intereses más adelante.

Lo dramático es que nuestra democracia no ha sido capaz de crear una competencia que resulte en una oferta de excelentes políticos y políticas (policies). Tampoco ha sido capaz de sacar a los mexicanos de la necesidad de la que habla Maerker. Y yo sigo debatiendo qué pensar. Quizá es mi necedad, pero me niego a pensar que votar por el partido verde puede ser bueno para la ciudadanía, pero me niego, también, a pensar que no saben lo que hacen.