To consult the news is to raise a seashell to our ears and to be overpowered by the roar of humanity
Alain de Botton, The News

 

¿Por qué seguimos viendo las noticias? se pregunta Alain de Botton en el libro The News: A user’s manual.

Una vez que terminamos la educación formal, las noticias son nuestros profesores, más que eso, para de Botton, son la fuerza más importante definiendo el tono de la vida pública y formando nuestras impresiones de la comunidad más allá de nuestras casas. Para de Botton, buscamos las noticias casi por instinto y en especial, cuando se trata de una catástrofe, puede venir como un alivio a nuestra vida claustrofóbica. Es un escape de nuestras preocupaciones ver que hay situaciones mucho más graves que las nuestras. La comparación entre lo que vemos en las noticias (desastres, escándalos y crímenes) nos permite sentirnos aliviados con nuestras predecibles rutinas.

 

 

***

El nuevo programa de la radio pública estadounidense Invisibilia en su primer programa habla del miedo y de la ausencia de él. La historia inicia con un psicólogo, Roger Hart, que en los setenta estudió a grupos de niños, los observaba y los seguía cuando estaban solos. A partir de su observación y sus pláticas con ellos hizo mapas en los que describía qué tan lejos podían ir los niñ0s sin supervisión. Los niños en ese entonces, cuenta, podían ir bastante lejos, incluso cerca de un lago y ni una sola vez escuchó a alguien preocuparse de algún robo o secuestro de menores.

Años después, Hart regresó a ver en dónde jugaban los hijos de los chicos que estudió en los setenta. No había muchos lugares a donde los niños pudieran llevarlo, los círculos de libertad en sus mapas desaparecieron. Lo que sorprende es que el pueblo hoy tiene los mismos niveles de crimen que hace cuarenta años. La “correa invisible” entre los padres y los niños se recortó producto del miedo. En Estados Unidos esto es sorprendente porque el crimen está en los niveles más bajos desde los cincuenta, pero el miedo ha transformado la manera en la que los americanos viven.

Esto se debe, continúa el programa a que la vida moderna nos da mucha más información (horrores que viven otros) que no podemos ignorar por la forma en que nuestro cerebro funciona. Se activa el instinto del miedo, aún cuando no lo necesitamos.

***

En México muchas veces hemos oído la historia de cómo antes se jugaba en la calle, se iba por todos lados sin miedo. Al menos en el DF no podemos replicar la historia que cuenta Hart, ya que el crimen de hecho ha aumentado, hemos sido víctimas o conocemos a alguien que lo ha sido de primera mano; pero no es difícil suponer que hay en ciudades pequeñas en México que tienen una trayectoria más parecida a esta ciudad norteamericana.

Lo que tenemos en los últimos años en México es una situación de emergencia que ha rebasado los dos tipos de análisis antes presentados: el de que necesitamos el desastre para dimensionar nuestros propios problemas y llevar una existencia más tranquila y el de que conocer los desastres lejanos termina afectando la manera en la que vivimos y qué tan seguros nos sentimos.

Hablando con distintas personas encuentro que últimamente me dicen con más frecuencia que han dejado de ver las noticias (o escucharlas, o leerlas). La muestra no es representativa de nada, claro, pero tiene valor anecdótico, creo. La gente ya se siente temerosa la mayor parte del tiempo, así que no tiene ese primer beneficio de ver lo que sucede en otros lados. La gente ya no puede recortar más la correa invisible que los une a sus hijos, ni puede modificar más su comportamiento para sentirse seguro. Ya tiene alarmas, ya no sale tanto como quisiera o sin poner atención a dónde es que va. Parece que la opción que queda, como mecanismo de autoprotección es dejar las noticias. Esto puede tener repercusiones desastrosas ya que las noticias no sólo nos sirven para saber cuál es el último desastre, hay mucha información que nos llega a través de ellas, información que es útil para la toma de decisiones de los ciudadanos.

La tentación está ahí: manipular el contenido. No sólo porque el gobierno lo prefiera así, sino por un interés en mantener a las audiencias, y también por satisfacer sus deseos y transmitirles otra información que si buscan.  Si estas últimas razones son válidas, ¿podemos hablar de manipulación? La respuesta no es fácil. Quizá por ello las publicaciones de nicho vayan a encontrar mayores audiencias, de cierta forma le dan al consumidor mayor libertad de escoger lo que quiere ver sin tener que participar en este debate de qué hacer con otras informaciones.