En el DF nos hemos quedado sin delegados. A seis meses de que termine su periodo, los delegados del PRD (13) han dejado sus cargos para participar en el proceso interno de su partido para tener un nuevo cargo después de las elecciones. Les han apodado los chapulines*.

chapulin

No me ha quedado del todo clara la postura de quienes dicen que “si el delegado te bota, no votes por él”. A mi me parece comprensible que los delegados no quieran quedarse sin trabajo, es también lógico que un delegado no quiera esperar tres años para buscar un cargo y arriesgarse a perder el posicionamiento que tiene entre los ciudadanos.

Supongamos que el delegado hizo un buen trabajo, lo ideal sería premiarlo justamente votando por él. Si ha administrado bien la delegación, lo más conveniente sería que volviera a ejercer el mismo cargo,  uno que ya sabe hacer. Con ello, nos ahorraríamos los periodos de ajuste y de aprendizaje por el que todo nuevo delegado tiene que pasar. Esto será una realidad en el 2021, cuando los delegados que hayan sido elegidos en 2018 tendrán la oportunidad de ser reelegidos hasta por un periodo adicional.

En los seis años que faltan, los delegados tienen la oportunidad de buscar nuestro voto para otro puesto, y la ley les obliga a renunciar para hacerlo. Me parece que lo que está mal es la regla y no los delegados. ¿Qué podríamos hacer para que su carrera pueda continuar y las delegaciones no se queden sin el jefe a quien los ciudadanos eligieron?

Se me ocurren al menos dos cosas:

1. Permitir que los funcionarios públicos en funciones participen en procesos electorales.

2. Reducir drásticamente los tiempos que duran las campañas y pre campañas de manera que incluso si renuncian, fuera por un periodo tan corto que no habría mayor problema. Esto además reduciría significativamente los costos de estas elecciones.

Lo malo de la situación actual es que algunos de los ahora ex-delegados buscarán puestos de representación proporcional. Es decir, ni siquiera existirá la opción de castigarlos no votando por ellos porque su nombre no aparecerá en la boleta. Su partido habrá decidido premiarlos, sin consultarlo con quienes conocen de cerca su trabajo, los vecinos de la delegación.

Resumiendo, si el delegado fue un buen servidor público y fue un chapulín, yo le daría mi voto. Es lo más cercano que tenemos hoy a la reelección. La pregunta es si el destino del chapulín está en manos del ciudadano.  Dado que existen casos en los que el voto no es necesario porque el partido puede premiarlo, nos queda el consuelo de que con la reelección esto cambiará.

¿Qué tanto cambiará? es difícil saberlo. Es mi impresión que la jefatura de una delegación no es el puesto más codiciado entre los políticos por lo que estos podrían continuar usándolo como trampolín a otros cargos, algunos necesitarán el voto de los ciudadanos, otros un lugar en lo alto de la lista de plurinominales, cosa que depende de los jefes de su partido.

Ante todo esto, la nueva opción que tenemos los ciudadanos, que seguramente no vendrá libre de complicaciones y posibles problemas es votar por un independiente. Actualmente los aspirantes a candidatos independientes se encuentran reuniendo firmas para poder lograr el registro. La tarea parece titánica por los tiempos y requisitos que se les ha impuesto, pero vale la pena buscarlos y firmar para poder conocer sus propuestas.

 

 

* La nota amable es que el delegado de Iztapalapa no participará en una nueva elección. De algo sirvió el escándalo en medios sobre posible corrupción. Los delegados del PRI (1) y del PAN (2) esperan a conocer los reglamentos de sus partidos para tomar la decisión de dejar o no su puesto en la delegación.