Durante las vacaciones visité el zócalo. Ya es una tradición montar ahí pistas de patinaje, toboganes, máquinas de nieve y árboles de navidad. Este año llama la atención el árbol que instalaron. Se trata de una enorme caja blanca con la imagen de un árbol recortada. Caminando desde la transitadísima calle peatonal de Madero, la caja recuerda a la publicidad de las grandes tiendas departamentales, tiene las mismas características: construida de plástico blanco, luminosa, y enorme.

arbol

Al llegar al zócalo uno se da cuenta de que se trata de una caja hueca a la que se puede entrar. Hicimos la corta fila que obliga a recorrer mil y un pasillos que avisan que en otros horarios la espera es mucho más larga. Esperamos un poco a que terminara la presentación anterior y entramos en el cubo. Una estructura tan alta como un edificio de 7 pisos con cuatro pantallas planas que se ven pequeñas en este enorme espacio. El espacio estaba a medio llenar, pero los "animadores" nos invitaban y en algunos casos exigían que nos apretáramos unos contra otros, lo más cerca posible al poste del medio de donde colgaban las pantallas.

Con sus altavoces gritaban "¿Cómo están todos?" y ante el "bien" del público replicaban el trágicamente previsible, "no se oye, ¿cómo están todos?" La cosa no pintaba bien. Preguntaron, entonces "¿Qué estamos celebrando? ¡Es un aniversario!, ¿De quién es el aniversario?" gritaban. Nos volteamos a ver unos a otros, nadie estaba seguro de qué contestar, era navidad, así que alguien dijo en voz baja, al niñito Jesús, más en tono de pregunta que otra cosa. Mientras, sin notar la incertidumbre del público, el jovencito —que parecía formar parte de alguna boy band— seguía gritando, repitiendo la pregunta.

Entonces, su compañera nos dio la respuesta, ¡era el aniversario 190 de la ciudad! Así que teníamos que prepararnos para el festejo. Festejo que duraría unos diez minutos, con música electrónica de fondo que “está diseñada para que lo disfruten personas de todas las edades. No porque sea música electrónica será ajeno a ciertas personas, por eso las fusiones” según uno de los creadores, Jorge Cejudo dijo a Reforma. 

Bueno, por si festejar los 190 ańos de historia de esta gran ciudad con música electrónica mezclada con villancicos  no fuera sinsentido suficiente, el video que se proyectó en las cuatro pantallas parecía un mal video de promoción turística. Nadie aprendió nada, ni historia, ni sobre la identidad de los habitantes y mucho menos del futuro o los planes que para la gran Tenochtitlán podría tener el gobierno. Lo más claro, y que no venía al caso tampoco, eran los letreros de Paz, Armonía y Amor que precedieron al video. El video era hueco como la caja misma. La música trágicamente extranjera.

La cereza en el pastel fue cuando, para evitar el aburrimiento total de los espectadores que lo mismo veíamos la pantalla, el techo o las caras los unos de los otros, los "animadores" empezaron a dirigir los bailes conocidos en las bodas como danzas comunistas: todos iguales. Así empezó la coreografía: "¡todos para abajo… todos para arriba, eh, eh, eh!… caminando para la derecha…" etc. 

¿En serio eso es lo que el gobierno del DF planeó para celebrar los 190 años de la ciudad? Por si no quedó claro lo resumo de nuevo: adentro de un árbol de navidad, una fiesta de música electrónica de 10 minutos para turnos de 250 personas, con un video del que no logro recordar más que una secuencia de imágenes predecibles de lo que es la ciudad, animada por un par de adolescentes que gritaban eh, eh, eh sin parar. Un insulto a la inteligencia del público.

No soy de los que piensa que está mal que el pueblo se entretenga (que nos entretengamos), ni siquiera veo mal que el gobierno sea quien provea cierta diversión, pero esta instalación no llega siquiera a entretener. La caja hueca es fiel reflejo del contenido de la "celebración" misma, y esta, de la visión que el gobierno tiene de la historia de la ciudad y de su futuro. Un gobierno carente de narrativa, de creatividad y de ideas.