El mexicano promedio de hoy en cifras

Nací de una raza triste,
de un país sin unidad
ni ideal ni patriotismo;
mi optimismo
es tan solo voluntad;
obstinación en querer,
con todos mis anhelares,
un México que ha de ser
a pesar de los pesares,
y que yo ya no he de ver…

Amado Nervo, Mi México

El mexicano promedio es mexicana, estudió parte de tercero de secundaria pero no se graduó, tiene una esperanza de vida de 72 años y no tiene ninguna discapacidad. Al año gana poco más de 12 mil dólares y seguramente vive en el Estado de México. Esta persona no existe, es una representación y como tal deja muchos detalles fuera. Incluso si hacemos zoom a su gasto, por ejemplo, y decimos con exactitud que el mexicano promedio gasta $496 al año en zapatos esto no nos dice que en realidad, el 35% de los hogares más pobres del país no gasta un peso en calzado o que el 5% de los hogares más ricos gasta $33,000 anualmente en calzado. De ese tamaño son las diferencias según la Encuesta Nacional de Gasto de los Hogares.

La idea misma de “ser mexicano” es tan útil como estas estadísticas, da información y esconde matices. ¿Qué significa ser mexicano? tiene tantas respuestas como mexicanos hay. A partir de estas diferencias económicas resulta impertinente incluso intentar definirnos como un grupo homogéneo. Sin embargo, la idea vive en el imaginario colectivo y tiene una estrecha relación con el gobierno.

De la raza cósmica al Coloso del bicentenario

Señor, deja que diga la gloria de tu raza,
la gloria de los hombres de bronce, cuya maza
melló de tantos yelmos y escudos la osadía:
¡oh caballeros tigres!, ¡oh caballeros leones!,
¡oh caballeros águilas!, os traigo mis canciones;
¡oh enorme raza muerta!, te traigo mi elegía

Amado Nervo, Elegía

La construcción del mexicano no es nada nuevo. Para Vasconcelos se trataba de un esfuerzo ideológico para poder trascender a la raza y a la nacionalidad en nombre del destino común de la humanidad. Vasconcelos estaba en busca de una visión que nos levantara por encima de la microideología del especialista (el historiador). Quería descubrir una dirección, un ritmo y un propósito, haciendo uso de una intuición apoyada en la historia y en la ciencia. Algo que podríamos llamar imaginación histórica.

Para él la raza del continente ibérico, si bien llena de vicios y defectos, está dotada de maleabilidad, comprensión rápida y emoción fácil, lo que consideraba los elementos para el plasma germinal de la especie futura. Y se pregunta ¿Cuáles deberán ser los rasgos de ese impulso creador? A partir de ahí, sueña con las posibilidades del futuro.

Menos de 100 años después nos encontrábamos celebrando el bicentenario de la independencia nacional y el centenario de la revolución. Las celebraciones merecieron un gasto de 230 millones de dólares y entre todos los eventos, monumentos, y publicaciones vale la pena detenernos en el Coloso. Se trata de una escultura que comisionó el gobierno de Felipe Calderón al escultor Juan Carlos Canfield. La estatua que representaría a “los mexicanos” desfilaría por Paseo de la Reforma y se postraría en el zócalo para días después ser llevada al parque del bicentenario.

Se buscaba cierto paralelismo con las tumbas al soldado desconocido que existen en países como Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña o Italia. Sin embargo, no se construiría aquí una tumba donde se homenajea a los hombres caídos, en su lugar se imaginaría un hombre, un insurgente anónimo. Si bien no se buscaba renacer la raza cósmica de Vasconcelos, sí se pretendía darle un rostro a este mexicano. Una aproximación fisonómica de la raza de bronce, quizá.

El resultado es un hombre fuerte y bigotón con el que nadie se identificó.  Vale la pena leer la descripción que Guillermo Sheridan hizo de la estatua en la prensa al día siguiente “el fervor contestatario no tardó en conjeturarle al monote varias significaciones, todas ominosas, ni a convertir las conjeturas en sentencias incontestables: es un coloso reaccionario y, como es una marioneta, simboliza que somos las marionetas del gobierno.”

Tania Islas Weinstein, candidata a doctor en Ciencia Política por la Universidad de Chicago ha hecho un interesante trabajo de investigación alrededor del Coloso, y el momento en el cual éste fue creado. Para Islas el contexto violento que vivía el país en 2010 es relevante. El monumento que pesa ocho toneladas y mide 20 metros de altura no pudo desfilar completo por sus dimensiones. Así, vimos una escultura desmembrada circulando por la ciudad. Cuatro trozos que ante la amenaza de lluvia tuvieron que ser cubiertos por sábanas blancas debido a que la escultura no contaba con ninguna protección contra la lluvia al momento del desfile. Cuando Islas presenció esta imagen cayó en cuenta de que en el imaginario colectivo no podía sino recordar a los muertos que salen en la prensa una y otra vez.

Donde el escultor quiso presentar unidad, y el presidente quiso que el pueblo se identificara, la gente sólo vio parecidos con personas únicas, entre ellas, el Canaca, un personaje que había saltado a la fama años antes al ser filmando cuando fue detenido manejando borracho. Más tarde Canfield, declaró haberse basado en los rasgos del contrarrevolucionario mexicano Benjamín Argumedo, enemigo a muerte de Francisco Villa que peleó al lado de Victoriano Huerta, golpista y considerado traidor a la patria por asesinar a Francisco I. Madero.  “No se le seleccionó por su participación en la Revolución (…) sino más bien por su aspecto físico. Un hombre muy fuerte, con un carácter, con unos bigotes así súper revolucionarios”, dijo Canfield en una entrevista a Canal Once.

El intento por construir un ser que sintetiza, que puede ser pensado como un mínimo común que une a los mexicanos, fue un resultado fallido. Puede esto ser culpa del artista, o de un mal timming pero puede ser síntoma de algo más profundo: eso que querían representar, no existe.

La triste historia del Coloso nos permite ver cómo el pasado nos ayuda a ver y entender el presente. En un contexto democrático la interpretación de la historia o de lo que ocurre en el presente mismo no es monopolio de nadie, la gente le dio la interpretación que quiso a los hechos, aún cuando el gobierno reiteraba una y otra vez quién era el Coloso. Al mismo tiempo se evidenció la falta de visión de futuro del presidente Calderón.

El Movimiento de Peña Nieto

El sucesor de Felipe Calderón ha seguido una estrategia de comunicación radicalmente distinta a la de su antecesor y si bien no ha tenido en sus manos algún momento clave -como lo pudo ser el bicentenario de la independencia- ni ha tomado grandes riesgos al intentar definir quién es mexicano, el gobierno de Peña ha sabido identificar una nueva esfera de influencia, las redes sociales.

@yosoymexicano le da voz a distintos mexicanos, su cuenta dice: Cada semana un mexicano distinto. ¿Quiénes somos? ¿Qué nos mueve? ¿A dónde vamos?  Patrocinada por SECTUR la cuenta no se aleja del imaginario oficial del movimiento. Al llevar poco tiempo no podemos saber con claridad qué tan plural será el ejercicio, qué tanto habla de los muchos Méxicos de Byrd o qué tanto terminará siendo un ejercicio aglutinador de nuestra identidad à la Canfield.

Sin tratarse de un ejercicio razonado, el hecho de que la cuenta utilice el hashtag #MiMexico sí habla de que los autores, al menos,  reconocen la existencia de varios Méxicos, el mío el tuyo y el del otro, y si bien resulta difícil imaginar que todos quedarán plasmados en una cuenta oficial, al menos tácitamente quedan reconocidos estos otros Méxicos, estos otros mexicanos.

Al final de cuentas, @yosoymexicano es más un ejercicio de autoayuda, un lugar para el optimismo y la promoción, tanto de los autores como del país que buscan presentar. Si bien por el momento no cuenta con muchos seguidores -alrededor de 3300 al día de hoy- podría pensarse como un monumento de la ciudad virtual y como tal tiene las mismas funciones que las esculturas en la ciudad de cemento y acero.

Tweets by @yosoymexicano

Más que por su contenido, como concepto, este tipo de construcciones nacionales pueden resultar mucho más interesantes y completas. Aprovechar todas las herramientas tecnológicas para formar una identidad, soñar un futuro y tener imaginación histórica resulta sumamente atractivo. Pero toda la tecnología nada puede sin el contenido adecuado. La cuenta ha caído en varios clichés que están llenos de contradicciones y podría llegar incluso a la disonancia cognoscitiva, no creada ahí, pero sí reproducida.

¿Sólo en México?

Una y otra vez se dice “sólo en México” para calificar una situación, normalmente una del tipo que ejemplifica a la perfección eso del “ingenio mexicano”. Ese sólo en México encierra al menos dos contradicciones, la primera es que señala (en la mayoría de las ocasiones) algo que no debería de pasar, para inmediatamente disculpar la conducta al reconocerla como algo chistoso, peculiar y tan surreal -palabra que se usa con alegría para describir al país- que es digno de presumirse. Tan recurrente es el sólo en México que no faltan cuentas de Twitter, grupos de Facebook o blogs que han recolectado las jocosas situaciones que lo ejemplifican a la perfección. Para muestra un botón:

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Tomada del blog soloenmexico.com.mx

La típica foto que va acompañada de un “sólo en México”. No sólo no pasa sólo en México, sino que incluso sabiendo que pasa en otras partes, continuamos usando dicha afirmación una y otra vez. De nuevo, un botón para ilustrar el punto:

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Lo que sí somos

Más allá del lugar común de la familia numerosa que se transporta en bicicleta, en temas de política, por ejemplo, suele ser la frase que acompaña al regreso del PRI a Los Pinos: Sólo en México. La historia de una isla caribeña refuta fácilmente que esto sea un fenómeno puramente mexicano. Dos políticos compitieron por la presidencia del país. El primero de 82 años, ciego con dificultades para moverse. El segundo, d 80 años y con problemas de memoria. Lo más increíble es que fue una de las elecciones con mayor participación y que ambos ya habían sido presidentes (con escasos resultados) en el pasado. Para no dejar al lector con la duda, ganó el ciego. Su nombre, Joaquín Balaguer, ex colaborador de Trujillo. De seguir recorriendo el continente encontraríamos que quedamos lejos de ser los más extremos u originales.

Quizá en donde más fácilmente podemos ponernos de acuerdo es en lo que somos a la hora de querernos vender fuera. En su ensayo Contra la idea de México el historiador Mauricio Tenorio habla de “esta tenaz cara mexicana, este haber habitado por tanto tiempo un estereotipo para consumo internacional, el gesto que asumimos los mexicanos cuando ponemos cara de México”. Tenorio usa las ferias internacionales para estudiar la idea que México y otros países han desarrollado de si mismos. De triunfar también se muere, pareciera decir cuando explica que México es víctima de su propio éxito, de haberse sabido arropar en sus rebosos que han gustado tanto que no hay por qué quitárselos. ¿Por qué hablar del México democrático, o moderno?

Por otro lado, está la popularísima idea de que el mexicano es guadalupano. En su escrito sobre La Virgen de Guadalupe afirma Carlos Monsivais que la primera idea de Nación se nutre del lema de la Guadalupana, la imagen, continúa, organiza los rudimentos estéticos de una población que lo sepa o no, al verla revalora hasta donde se puede los rasgos indígenas y también vislumbra la potencia de la desolación. En México todos son guadalupanos, incluso los marxistas, como los bautizó Heberto Castillo.

Más allá de la Guadalupana

Yo tuve un ideal, ¿en dónde se halla?
Albergué una virtud, ¿por qué se ha ido?
Fui templario, ¿do está mi recia malla?
¿En qué campo sangriento de batalla
me dejaron así, triste y vencido?
Amado Nervo, Incoherencias

Queda la esperanza de que más allá de la Guadalupana tengamos algo en común, que hayamos dejado de ser lo que Fernando Escalante llamó los “ciudadanos imaginarios” del siglo XIX y que, junto con la transición democrática, seamos ahora verdaderos ciudadanos. Ciudadanos autónomos, iguales ante la ley que conviven en un estado de derecho pleno.

Es decir, quedarnos con un piso mínimo, vaciar al ser mexicano de todo significado sentimental o estadístico y quedarnos con la figura legal. Ser mexicano significa haber nacido en México o tener padres mexicanos, o contar con un documento legal que otorgue la nacionalidad por alguna otra forma. Ser mexicano es tener un pasaporte, o al menos la posibilidad de tenerlo. Ser mexicano significa que ante el estado mexicano somos ciudadanos mexicanos, una definición mínima democrática.

Pero ahí, volvemos a encontrar contradicciones. El caso de lo que ha pasado en Ayotzinapa nos demuestra de manera demasiado clara que no todos somos iguales ante la ley. Además, evidencia lo que todos sospechábamos, que el estado tenía parte de culpa en la situación de violencia que vive el país, y lo agrava, fueron directamente los gobernantes los culpables. El caso de los normalistas de Ayotzinapa es como un microcosmos que contiene todos los horrores del país y todos los errores de nuestros gobernantes.

Y volvemos a la historia del Coloso, la estatua nunca llegó al parque donde se suponía iba a quedarse. En opinión de Islas esto no se debió a un debate democrático en la esfera pública, sino más bien a una debilidad del estado para hacerse presente simbólica y literalmente en el paisaje de la capital. Más allá de que no se tome en cuenta las diversas opiniones en la toma de decisiones, la calidad de la democracia en México deja mucho que desear. El acceso a la justicia es sumamente desigual así como desiguales son los ingresos económicos que se mencionaron al inicio.

Dice Tenorio que “lo que más debiera angustiar es que México no ha podido reinventarse hacia adentro. Aún no logra ni los niveles de crecimiento económico que den lugar a una nueva esperanza de futuro, ni un cierto optimismo basado en la mera ilusión colectiva de tener futuro a pesar de todos los pesares”. Y a esto, lo vivido en Iguala agrega, no hemos alcanzado la igualdad ante la ley ni existe un estado de derecho que necesitamos como piso a partir del cual soñar.

Ser mexicano resulta una imposibilidad y sin embargo, una nece(si)dad.