Escribe José Woldenberg en su blog “Y no es fácil saber por qué un grupo de personas, una comunidad o incluso constelaciones más grandes generan discursos y actitudes abiertamente discriminatorios. ¿Cómo llegan a la convicción de que ellos son superiores? ¿Qué los lleva a tratar con desprecio a los diferentes? ¿De dónde proviene la fuerza de la pulsión discriminatoria?”

Propongo una respuesta: Se creen superiores porque son superiores. Porque el sistema les ha dado una ventaja inmerecida, pero que se ha vuelto una profecía que por su misma naturaleza se cumple (una self-fulfilling profecy). Leyendo a Woldenberg, y las referencias que hace del trabajo de Luis Salazar, recordé el famoso experimento de Jane Elliott “ojos azules/ojos cafés”. La noche en que Martin Luther King fue asesinado Elliot, que era maestra, se dio cuenta de que hablar sobre el racismo no era suficiente. Decidió implementar un experimento en su clase que consistía en señalar a los niños de ojos cafés como inferiores (al siguiente día les confesaría haber mentido y diría que en realidad los inferiores eran los de ojos azules).

Es fascinante ver cómo un cuento de quince minutos transforma las actitudes de los niños y la dinámica de la clase. No solamente hay una clara discriminación sino que los niños discriminados tienen un aprovechamiento académico claramente inferior. Los niños que se han identificado como superiores, responden con una mejoría académica. Esto es el resultado de un ejercicio de un día. ¿Qué podemos esperar de la gente que vive esto a diario, desde el día en que nace?

Si no conocen el experimento, no dejen de ver el documental A Class Divided que recoge las imágenes y experiencias que ocurrieron en el salón de clases en 1970 así como una discusión quince años después con los niños que participaron y un nuevo experimento con adultos.

Jane Elliott A Class Divided: