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La entrada del ejército al albergue zamorano ha evidenciado la complejidad de las relaciones que tenemos con los más vulnerables. Digo relaciones aunque en muchos casos se trata de no-relaciones. El episodio se ha prestado como catalizador para hablar de muchos temas, algunos a los que les urgía ventilarse, y arriesgándome a hablar desde lo anecdótico, desde lo que oigo y leo, y desde mi experiencia personal quisiera aventurar uno más. Creo detectar un entendido social, una especie de música de fondo, cuando hablamos de Mamá Rosa. Cada opinión sobre lo que pasó es, en el fondo, una opinión sobre los más vulnerables, sobre qué merecen y quién y cómo creemos que puede ayudarlos.

¿Qué creemos que merecen los niños de la calle? Las historias empiezan con una niña que decide recoger niños de la calle. El albergue va creciendo porque la gente le lleva a otros. Estos huérfanos no tienen nada, cualquier situación es mejor que en la que están, ¿qué tanto mejor debería ser, quién puede exigirla y a quién?

“Todos nos educamos a todos, a todas horas y en todas partes. También nos educan los animales, las cosas y las circunstancias” escribió Gabriel Zaid en una reflexión sobre el pensamiento de Iván Illich y su crítica a las escuelas. Me quedo con el “todos nos educamos a todos” que si bien podía obviar a la educación institucional, necesita de una comunidad. Esa comunidad, parece, es lo que desapareció. Nos permitimos que el estado prescindiera de una red social confiable porque pensamos que había una red alternativa. Héroes y heroínas que, con ayuda de la comunidad podían pescar a los más necesitados. 

Ahora bien, ¿qué creemos que merecen los niños ex-convictos, drogadictos y violentos? ¿qué pasa cuando los vulnerables son los indeseables? La historia continúa con la valiente decisión de no decir no a nadie. Aceptar a quien nadie quiere. La complejidad del personaje de Rosa Verduzco es un reflejo de que ante la difícil realidad no hemos sabido decidir con claridad qué tenemos que hacer como comunidad. El estado claudicó y personificamos la política pública. Hemos dejado en manos de algunos valientes la decisión de qué hacer. Una labor titánica donde es más que previsible que habría varios errores y algunos horrores. La comunidad no está involucrada, se apoya con donativos en especie o en efectivo, pero es difícil encontrar voluntarios que den tiempo y aporten su experiencia.

La tercera pregunta es qué hacemos las Mamá Rosas. La historia termina con una mujer de buenas intenciones completamente rebasada; con un lugar que pasó de presentar una salida fácil para la sociedad y el gobierno al problema de qué hacer con estos niños a ser EL problema.

Ayudar a los niños más vulnerables no es cosa fácil, queremos opinar al respecto. Un personaje de la obra de teatro Skylight de David Hare nos invita. ¿Quieren discutir el tema? venga, es una mesa abierta, siéntense, pero hay que comprar fichas. Como sociedad urge que nos involucremos, que arriesguemos y sobre todo que exijamos al gobierno la despersonalización de la toma de decisiones, que se pongan estándares y que se hagan cumplir.

En los medios la historia se cuenta en sentido contrario, empieza con un gobierno heroico que rescata a 600 niños de un infierno. Los intelectuales salen a defender el trabajo de Rosa y el hueco que llenaba el albergue.  No hay espacio para matices y se reclama entonces la santidad del supuesto diablo. Leo ahora cómo no basta enumerar los horrores que se encontraron dentro de la casa y que después de señalar a la responsable hay una satisfacción especial en poner una coma y añadir: defendida por los intelectuales. Al final, como ha señalado más de uno, lo que menos ha importado han sido los niños.

Gusta mucho usar la frase -que no me convence- que dice que el pueblo tiene el gobierno que se merece,  más acertado sería decir que tenemos los héroes que merecemos. Y si bien me encantaría cerrar el texto con un “todos somos los vulnerables”, la evidencia, me temo, muestra que nos comportamos unas veces como Mamá Rosa y las más como el estado ausente e indiferente.