leverage-online-journalismEl futuro del periodismo no puede pensarse sin las redes sociales, fuente de lectores que ha alterado de manera fundamental la manera en que se leen las noticias. Difícilmente veremos crecer el número de suscriptores que pagan por recibir publicaciones de manera periódica, igualmente raro será que algún lector recorra todos los titulares de algún periódico. Sucede, sin embargo, que la tecnología vuelve a impactar la manera en que leemos. Se trata de una especie de vuelta al pasado que vale la pena destacar: leer alguna nota a través de las redes sociales es lo más cercano a la antigua lectura de periódicos en plazas públicas. Entonces, obligados por la falta de signos de puntuación, el que sabía leer, lo hacía en voz alta para informar a los interesados que se quedaban a discutir. El periodismos electrónico tiene un proceso de retroalimentación, una suerte de lectura comunitaria. Las notas se leen, se comparten, se comentan y se critican.

El proceso de transición que estamos atestiguando presenta diversos retos para quienes ejercen el oficio de periodistas y los obliga a confrontarse con contradicciones que el gremio no puede mantener. La primera de ellas la llevan en el título, ser periodista de oficio contrasta con hablar de la profesión de periodista. Hay quienes defienden el primero, valorando lo artesanal, lo nato de su labor, al tiempo que rechaza que el escritor de blogs o el reportero-ciudadano sea un “verdadero” periodista, y terminan por necesitar hablar de credenciales, de profesión. De ahí vendrá la competencia. Con el periodismo electrónico se eliminan las barreras de entrada, todos pueden escribir, todos pueden publicar, todos pueden ser leídos. El reto para periódicos y otras publicaciones es ofrecer algo más, sea un mejor análisis, sea un trabajo más completo. El reto es mayor aún para esas voces consolidadas por el lugar en el que escriben, los articulistas. Llevando el argumento al extremo, el reto del periodista es pensarse, también, sin periódico o sin medio.

La comunidad virtual recibe igual un artículo que se lee en la página web de Milenio, Reforma, alguna revista norteamericana o un blog personal. La competencia es feroz. No hay fronteras, no hay tiempos ni costos de transporte, y el número de artículos y opiniones es ilimitado. Los tiempos en que el gobierno tenía el monopolio del papel como forma de control de los medios no solo han quedado atrás, sino que son inimaginables. El cambio en la balanza de poder ha dejado a los gobiernos y al estado con menos herramientas de control tradicional. La competencia de hoy, y la que se ve venir es entre medios y entre periodistas. Pero, quien habla de lucha, no ha logrado comprender el nuevo modelo, que es uno en el que para ganar, hay que colaborar y compartir.

Son momentos de incertidumbre. Las fronteras son borrosas entre lo que es el periodismo y lo que, hoy día, realiza las funciones del periodismo sin llevar ese nombre. Para muestra un botón: desde su cuenta de twitter La Red es Nuestra (quienes se autonombran el “quinto poder”) expuso la conversación que la diputada del PRD Purificación Carpinteyro sostuvo con un empresario donde se le escucha proponer un negocio en materia de telecomunicaciones al tiempo que ella misma discute las leyes secundarias en la materia, un claro conflicto de interés. La diputada respondió a través de su blog personal y expuso sus argumentos. Finalmente, al día siguiente le concedió entrevistas a algunos medios, siendo la primera la periodista Carmen Aristegui. Las relaciones de pesos y contrapesos entre el gobierno, los medios, los grupos de poder y las redes empiezan a cambiar los horizontes y las herramientas que se utilizan para interactuar entre ellos y con su público y sus ciudadanos. La plaza virtual no ha quedado definida aún, su capacidad de cambio es constante y el reto del periodista es no quedarse atrás. La creatividad y la flexibilidad se unen, y se imponen por encima de las características que tradicionalmente se han valorado en un periodista.

En la plaza virtual se lee hay limitaciones como en la plaza pública. No faltan signos de puntuación pero los formatos disponibles cambian constantemente. Los contenidos hoy se ven afectados por la forma en la que la información se crea (video, podcasts, fotoblogs, blogs, agregadores de noticias, etc) y se distribuye (páginas web de medios tradicionales, canales de youtube, blogs, tuits), además de la manera en la que se financia (publicidad basada en palabras clave o en el comportamiento del lector o crowdsourcing, por ejemplo). Muchos de los retos son para los administradores de los medios. Quizá terminemos valorando más sitios-nicho donde se publica sobre temas mucho más específicos, que sean mucho más mercadeables también, tal vez el periódico nacional sea la primera tumba a excavar, pero puede pasar cualquier cosa.

El periodista en estos momentos se define más por su interacción con internet que por su interacción con el estado, y éste es el principal cambio de paradigma.