El gobierno del Distrito Federal ha iniciado una campaña para promover la lactancia.

dale_pecho_galeria500

Cuando circulé este video de la poeta inglesa Hollie McNish, en el que critica la forma en la que hemos empujado a las madres que amamantan a esconderse en los baños públicos para no incomodar a la demás gente que no quiere ver sus pechos, remataba ironizando que en esos mismos lugares, pueden verse fotografías publicitarias de mujeres que mostrando los suyos. La campaña del GDF logra, en un sólo póster, culpar a las mujeres de darle la espalda a sus hijos y sexualizar la publicidad para amamantar. Mostremos pechos, pero no los de quien está haciendo lo que pedimos que hagan, no, mostremos los pechos firmes de las famosas. Es triste la desconexión que hay entre la campaña y lo que es dar pecho. La campaña es, al final de cuentas, espalda o pecho, blanco o negro.

La campaña ideal daría datos serios sobre los beneficios de dar pecho, sin buscar manipular a través de la culpabilidad a un grupo de mujeres que ya está viviendo un momento difícil con la llegada de un hijo, las miles de decisiones que debe tomar, y enfrentando, en muchos casos, cuestionamientos a cada una de ellas. La campaña ideal, buscaría que la sociedad no le de la espalda a las mujeres que dan pecho, buscaría que una mujer amamantando en un restaurante, en un parque, o en casa de quien sea, fuera visto de manera natural. La campaña ideal mostraría de con naturalidad el cuerpo de una mujer que amamanta, no el de una que lo hizo hace años, y en el que no quedan rastros de la maternidad a fuerza de horas en el gimnasio o cirugías plásticas.

La política pública óptima habría de tomar en cuenta muchos factores. ¿Qué es lo mejor que puede hacer una madre por su hijo? difícilmente puede haber una respuesta para todos los casos. Sin tener los datos, me atrevo a decir que en México dan pecho las mujeres que no tienen necesidad de trabajar y pueden estar disponibles durante meses para alimentar a sus hijos. También quienes pueden hacer un esfuerzo enorme de sustraer la leche y refrigerarla, que cuentan con el equipo necesario y que pueden tomar el tiempo para hacerlo, y que tienen quien cuide a su hijo mientras trabaja. También dan pecho las mujeres que se encuentran en una situación tal que no pueden pagar fórmulas incluso consiguiendo algún trabajo. Esta campaña parece ir dirigida a quien no da pecho: mujeres que tienen que trabajar para mantener a su familia, que no tienen la oportunidad de dejar su trabajo para amamantar y, que si lo hicieran, puedo suponer, el cambio en el nivel de vida del pequeño bajaría mucho más (por el efecto en el cambio de ingreso económico) de lo que ganaría por los beneficios de tomar la leche de su madre. También está quien no puede dar leche por alguna razón física. Finalmente, queda un pequeño porcentaje de mujeres que eligen no dar pecho, quizá porque le dan prioridad a su carrera, por que les resulta incómodo, o por cualquier otra razón. Este es el grupo al que se le podría buscar convencer a base de información para cambiar su forma de pensar, pero se elige mejor alienar acusándolas de “darle la espalda a sus hijos” así, sin más.

La política pública óptima daría un generoso presupuesto a una investigación médica seria sobre los beneficios de la leche materna. Hace poco se publicó un estudio en Estados Unidos que encuentra que la diferencia entre dar fórmula y leche materna no es tan grande. Lo novedoso es que si bien encuentra que quienes se alimentaron de leche materna durante su infancia tienen mejores resultados en exámenes de IQ, masa corporal, menos obesidad, etc que quienes tomaron fórmula, cuando se ven las diferencias únicamente entre pares de hermanos (de los que uno fue amamantado y otro no), las diferencias desaparecen. Es decir, el estudio sugiere que son muchas otras variables las que explican las diferencias en las variables y no el haber tomado leche materna. Claro que un estudio no termina con el debate, aquí se explican algunos problemas dicho estudio.

Otro absurdo de esta campaña es que llama al derecho del niño a recibir leche materna. El “derecho” debería ser en todo caso a tener el mejor futuro posible, cosa que se consigue eligiendo una serie de variables, no sólo dar leche materna o no hacerlo. En muchos casos, el cambio en las variable socioeconómicas gracias a tener una mamá que trabaja, darán un mejor nivel de vida a los hijos y elevarán sus aptitudes en el largo plazo. El otro problema con la lógica de la campaña es no preguntarnos por los derechos de las madres a tomar las decisiones que quieran, a trabajar por gusto, a no sufrir incomodidades o dolores, etc.

Si el gobierno tiene información que zanja el debate y que la leche materna es la llave a más y mejores oportunidades para los hijos, la política pública óptima sería alargar la maternidad, y quizá incluso pagar a las mamás para que den pecho a sus hijos. Pero esta política pública también debería ir acompañada de un estudio que señale al grupo específico sobre el cuál este programa funcionaría.