Cuando mi amigo Federico obtuvo su primer trabajo, se le notaba satisfecho.  El salario era bueno para los estándares de Estados Unidos, y excelente para los de Uruguay, el país donde nació y creció hasta que se fue a Chicago a estudiar la universidad. En Uruguay, me contaba, uno puede hacer mucha plata, pero tiene que estar dispuesto a invertir mucho de lo suyo, así que hay que empezar siendo bastante rico. Cuando le preguntaban de qué vivía, contestaba que de aire. Con esos gestos bastante italianos que tienen los uruguayos, con ese acento que sabe hacer énfasis en los silencios, decía que él vivía de aire. A lo que se refería en verdad, es a que vivía de pensar, de ideas, de teorías, y de alguna fórmula matemática que había que explicarle a los abogados que lo contratan como consultor económico.

La verdad es que en México se puede vivir de aire. Pero quienes mejor viven así parecen estar asociados más al mundo político que al económico. No son asesores económicos, pero sí de imagen o de campaña. Los políticos mismos viven bastante bien y no tienen que invertir mucho dinero propio -que para eso están los enormes presupuestos de los partidos políticos. El problema está en que, muchas veces, nuestros políticos no producen más que aire. No se ven grandes ideas o debates. Tampoco se ven grandes obras, ni cambios tangibles producto de su trabajo. Vamos, que pocas veces encontramos políticos que no viven literalmente de aire, sino que al menos lo hagan de ideas.

Para muestra un botón. Después de haber aprobado reformas en casi todos los ámbitos, se están discutiendo las leyes secundarias. Difícilmente se trata de temas nuevos. Es decir, si bien las reformas constitucionales son recientes, los temas han estado en la agenda desde hace tiempo, y si bien a grandes rasgos podemos intuir en dónde se posiciona cada partido sobre el tema, nadie tiene estudios o propuestas armadas, que se puedan debatir. ¿Dónde está la innovación? En la mayoría de los casos hay lo que envió el presidente a las cámaras y sobre eso se trabaja a marchas forzadas, ya sea a favor o en contra.

Si bien ha habido algunos esfuerzos por profesionalizar a los funcionarios, e impulsar el servicio civil de carrera, también necesitamos una mayor transparencia y una verdadera rendición de cuentas. Que los políticos dejen de vivir de aire y que veamos claramente el impacto de su trabajo.