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Megan Freund visitó el sitio de NPR, la estación de radio pública de Estados Unidos, y mientras scrolleaba una colección armada a partir de fotos que los radioescuchas mandaron de sus viajes al trabajo se le llenaron los ojos de lágrimas al verse retratada cuando le leía a su hijo sentados en un tren.

Sacar de contexto lo ordinario era lo que se proponía al invitar a la gente a mandar fotos de su trayecto. Que alguien notara y capturara un momento así fue lo que conmovió a Freund.

Siempre me he preguntado en cuántos álbumes estará mi cara retratada, perdida en el fondo de la fotografía, a modo casi de escenografía. ¿En dónde estarán esos álbumes? Y he divagado pensando que alguien podría encontrarme ahí, aunque me gusta la idea de seguir perdida. ¿Seremos, nosotros también, protagonistas anónimos de fotos en Instagram? Seguramente ¿Y cómo reaccionaríamos al darnos cuenta?

El hombre moderno, el que iba con su cámara a capturar los rostros de los pobladores autóctonos, a veces incluso en contra de su voluntad, se ha vuelto nueva presa predilecta de los cazadores de imágenes, gracias a los celulares.