No hay seguridad de que el elector vote como se quiere cuando recibe cosas, pero sí castiga cuando no les dan nada. De ahí que todos los partidos se hayan acostumbrado a repartir cosas. (Leo Zuckermann – Sobre la compra de votos)

[...] Una campaña electoral consiste precisamente en tratar de influir sobre la gente, e inducirla a votar por un candidato y no por otro, y no está claro cuándo o por qué ese empeño es ilegítimo. [...] Detrás de la idea del fraude está la sospecha de que algunos votos valen más que otros, porque obedecen a intereses más elevados. Algunos son de convicción, los otros han sido “comprados”. Según yo, la discusión tiene su chiste. (Fernando Escalante – El Fraude que viene. )

Si utilizamos el término “compra de votos” como un contenedor conceptual para toda clase de “actividad distributiva” en una campaña (pagos, regalos, retribuciones, etc), corremos el riesgo de borrar algunas diferencias que sí importan. (Andreas Schedler – What Is Vote Buying?)

A Javier Osorio no termina de convencerle del todo la frase “comprar votos”. Javier lleva años estudiando el clientelismo electoral, y para definir la mecánica mediante la cual alguien logra que una persona vote por equis candidato prefiere el término “comprometer”. Porque, me ha explicado, la cosa no es tan sencilla como para que alguien llegue y “compre” votos. (Salvador Camarena – De votos, partidos arreglados y autogoles)

De entre las elecciones que reportan compra de votos, en el 91% de ellas la compra de votos se usa en combinación con otro tipo de manipulación electoral. Esto nos lleva a considerar una posible omisión en la literatura que habla de compra de votos: si la opción de comprar votos está inscrita dentro de una lista más larga de posibles manipulaciones electorales, puede ser difícil entender la compra de votos aislada de otras acciones estratégicamente simultáneas  de manipulación electoral. (Alberto Simpser - Why Governments and Parties Manipulate Elections: Theory, Practice, and Implications)

La que pierde es la sociedad – porque pagó inadvertidamente esos votos dispersos e inframarginales que acaban por legitimar a un sátrapa quien en última instancia repetirá el truco hasta el día en que se muera. Por ello, el mercado de votos es injusto (no tengo por qué pagar el poder de Bartlett), inmoral (presupone quitarle recursos a la sociedad sin su consentimiento para adquirir el poder político) e ineficiente en el sentido de Pareto: los que ganan no compensan a los que pierden. (Manuel J. Molano Ruiz en el muro de Facebook de Alejandro Hope)

El problema con mi amiga (y mucha gente como ella) es que, en su profunda decepción sobre el resultado electoral, arrasa con todo en vez de enfocar sus baterías en lo que realmente es impugnable: la compra del voto durante la campaña electoral.  Esta práctica será denunciada el jueves 12 por el PRD como el delito por el cual el PRI habría conseguido 5 millones de votos y como la razón para pedir la nulidad de la elección. (Mala Madre – Maldito Fraude Electoral)

Nota: la traducción de un par de los textos es mía, en el link se puede leer el original en inglés