El anuncio de la reforma fiscal ha vuelto a dejar al descubrierto el grave problema de desconexión que padece la clase alta del país. El más claro ejemplo ha sido la proliferación del siguiente video en las redes sociales:

A algunos convenció. Parece existir un acuerdo, un pacto, que dicta que la sociedad debe ser más equitativa, que los niveles de desigualdad que hay en el país son injustos y requieren que el gobierno intervenga. Esta es la típica línea de argumentación que se acompaña de los ejemplos de los países nórdicos que todos dicen querer imitar. Es decir, todos pensamos que quien más tiene debe pagar más para lograr una sociedad más equitativa. La pregunta aquí es ¿quiénes son lo ricos?

Privilegiar el uso de evidencia anecdótica sobre los datos duros plaga nuestras conversaciones y nuestro periodismo. No ha calado en la sociedad, ni en los medios, el último reporte de los datos de la ENIGH (se puede obtener aquí) que establece los niveles de gasto de cada décil de la población, revelando que, en promedio, los hogares del 10% más rico tienen un ingreso corriente de $44,334.00 cada mes. Entonces, cuando el Sr. Ferriz hace su propia descripción de “un rico” la hace de su percepción, porque él al igual que muchos de quienes viven en hogares con ingresos que rondan o superan esos $40 mil, han creado una ficción de quién es el rico que los excluye. Más cómodo pensarse clasemediero y evitar las responsabilidades que ellos mismos exigen a “los ricos”.

Se trata de una primera desconexión que resulta grave, ya que no solamente refleja la gran lejanía de la realidad del país, sino con la propia. No soy yo una experta sobre temas hacendarios y fiscales, no puedo emitir un juicio sobre las reformas propuestas y sus efectos en la economía y en la calidad de vida de los ciudadanos, pero la frase de Moynihan no podría venir más al caso: “Todos tienen derecho a su propia opinión, pero no a sus propios hechos”.

Ultimamente se han publicado varios artículos que tratan sobre este tema aquí y en otros blogs y artículos, tratando de dar una narrativa coherente a los datos que tenemos. Buscar que las estadísticas y los números que conocemos sean conocidos y entendidos es fundamental, primero, claro por nuestros políticos (ver tuit) y burócratas y después por los medios y el público en general.

 

Screen Shot 2013-10-23 at 4.53.49 PM

 

La otra razón por la que las élites han mostrado su desacuerdo con el aumento de impuestos es por la falta de transparencia del gasto gubernamental. Este segundo punto parece tener más sustancia, la lógica es ¿por qué cobrar más en lugar de gastar mejor? La desconfianza que existe en los ciudadanos de que el gobierno hace buen uso del erario público no es casualidad, día con día nos enteramos de escándalos de corrupción en todos los niveles del gobierno y nunca o casi nunca vemos consecuencias para los corruptos. Lo que me lleva a reflexionar sobre una segunda desconexión de la élite. A nuestra élite no le interesa entrar en la política. La política y los políticos están completamente desprestigiados pero sin una élite que entre en esta esfera o busque, por lo menos, presionarlos difícilmente habrá cambios. Las quejas de sobremesa no van a generar conductas diferentes.

La élite está desconectada de los desprotegidos y de los que ostentan el poder y así, en esa cómoda burbuja, pierde la relevancia que debería tener.