La fotografía digital como demoledora de debates

1. Pensar la foto antes de tomarla. Pensarla en tonos y colores. Pensar en las restricciones modificaban la composición – ¿se trataba de una película en blanco y negro o a color? ¿qué tamaño de fotos? Imaginabas, veías o pensabas la foto que querías y hacías tu mejor esfuerzo por lograrla. Con el celular eso ha cambiado, la foto se toma sin demasiadas consideraciones, de inmediato puede editarse, verse en una pantalla, aplicar los filtros, y publicarse para que todos la vean; y por todos me refiero a una audiencia mucho más amplia que tu familia y amigos cercanos, no sólo tus conocidos en Facebook, sino un montón de desconocidos vía Instagram.

2. Hay tiempo. Cuenta Graciela Iturbide que la frase de su profesor Álvarez Bravo que más la marcó era la frase “hay tiempo”. Para tomar una foto había que esperar a que montar la cámara y estar ahí dispuesto a que “algo” pasara. Ese algo podía ser un cambio en la luz, una persona que irrumpía en el paisaje, un movimiento del aire, no lo sabías, pero había que esperar pacientemente. La fotografía digital, la de los aparatos celulares especialmente parece ser todo lo contrario, captar la inmediatez con aparatos que son fácil y rápidamente ac

cesibles, no hay que esperar, hay que ser hábiles para captar el momento preciso.

3. ¿Es o no arte? Ya desde 1964 con la exposición organizada por Szarkowski y la publicación de la antología “The Photographer’s Eye” (The Museum of Modern Art, 1966) de la que habla Janet Malcom en su artículo de 1976 se debatía si la fotografía era o no un arte. Para Malcom, al colocar fotografías de grandes maestros como Cartier-Breson, Kertez  o Weston junto a fotografías tomadas por amateurs, Szarkowski destruye la “noción aceptada de que en las manos de un gran talento y a fuerza de mucho estudio y un esfuerzo extraordinario la fotografía puede superar su naturaleza mecánica y ascender al nivel de arte”. Hoy, se ven fotos tan hermosas colgadas en blogs o microblogs, tan relevantes que son retomadas por periódicos, tan oportunas, que hacen pensar si el Fotógrafo, así con mayúscula, es necesario. Hay todo un debate en torno al periodismo, y sin embargo, parece ser mejor ejemplo para dicho debate el papel del fotógrafo, ya sea de reportaje o artístico. ¿Somos todos fotógrafos? ¿en qué nos diferenciamos? ¿necesitamos a los profesionales de la fotografía?

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Instagram o El Falso Vintage – ¿La nostalgia por la nostalgia?

Tomas una fotografía, le aplicas un par de filtros, la mayoría hacen que se vea vieja, gastada. ¿Qué nos dice eso? sobrevivió, y por eso vale.  Pero no sobrevivió, quieres que sobreviva, te gustaría verla así en unos años, pensar que sobrevivió. Acto seguido, la subes a un río de fotografías, todas una detrás de otra, recibes un par de “li

kes” si tienes suerte, su vida on-line dura menos de unos minutos, unas horas cuando mucho. No la imprimes, la olvidas porque ya estás tomando otra, aplicándole los mismos filtros. Una y otra vez, y todas se pierden en ese río de fotos con acabados que les dan apariencia de supervivientes.

Nathan Jurgenson plantea que los medios sociales, y aplicaciones como Instagram en particular, nos hacen ver nuestro presente como un potencial pasado documentado. Aumentar el tamaño del grano, borrar los bordes de la foto, nos da la impresión de ver fotografías más auténticas y reales: una simulación. Para él, los usuarios de las redes sociales se parecen a los fotógrafos que, sin tener una cámara en la mano, ven el mundo como posibles fotografías, enmarcándolo y componiéndolo todo el tiempo.

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El Selfie – Palabra del año.

selfie

Julene Iriarte – selfie

Según el diccionario Oxford en línea, el uso de la palabra “selfie” aumentó 17000% en el 2013 (y eso que todavía no termina). La palabra apareció por primera vez en un foro australiano en el 2002 y se usa para nombrar a una foto tomada de uno mismo con un celular o webcam. La explosión del uso de la palabra ha sido compañera de la explosión de dichas fotos.

El nombre puede ser nuevo, pero desde antes de que hubiera cámaras los artistas se habían auto retratos, la revista The Atlantic tiene un artículo en el que argumenta que  la aparición de la cámara redujo las barreras de entrada, y entonces, incluso quien no tenía el talento para pintar podía tomarse un auto-retrato

No estarán del todo equivocados quienes ven en el selfie el retrato de la generación del “yo, yo, yo” (como propone Time) después de todo, ya no es suficiente ser el protagonista de la fotografía, también hay que ser el autor, editor y publicista.. Con la aparición de la cámara frontal en el iPhone 4 las selfies poblaron las redes sociales y pocos se han resistido a tomarse una auto-foto. No fueron pocas las veces en las que me ofrecí a tomarle una foto a alguna pareja que quería captar en el fondo alguno de los edificios emblemáticos de Chicago y que se negaron a entregarme su cámara, eso querían: una foto mal tomada, quizá fuera de foco y en donde ellos o el monumento saliera cortado. Las fotos no valen nada, recuerdo que pensé. Tal vez me equivoqué, tal vez la foto chueca donde a alguien le falta un ojo es el equivalente fotográfico de los jeans rasgados de los ochenta.