Me entero por Nexos que hoy es el día mundial del trabajo doméstico. En la página principal están los links a los artículos del número que la revista dedicó en Abril del año pasado y que tituló Cuartos de Servicio. Mismo que inspiró un pequeño post que hoy también yo reciclo:

1.

En repetidas ocasiones extranjeros han tenido curiosidad sobre la servidumbre en México. He escuchado muchas veces la misma respuesta, igual a la que yo misma he dado: todo el mundo tiene muchacha.

Está claro que no todo el mundo tiene muchacha, pero, el comentario nunca me ha parecido desatinado. Todo mexicano, o casi, que se encuentre en algún viaje de placer en el extranjero, o como estudiante, tiene servicio al igual que la tienen la gran mayoría de sus conocidos. Es decir: todo el mundo tiene muchacha.

Las cifras oficiales del CONEVAL muestran que sólo el 5% de la población la tiene. Esto es 1.3 millones de hogares. A estos datos me divierte dar el nombre de “datos alfiler”, o sea, datos que pinchan burbujas.

2.

En Tufo Feudal dice López Noriega: “¿Esto significa que en una sociedad más igualitaria no hay personas que realicen estos trabajos? Sí las hay, por supuesto. La igualdad no elimina la necesidad de este tipo de labores. Lo que sucede, más bien, es que se redimensiona el valor de estas tareas.”

Cuando no tienes muchacha lo primero que baja es tu estándar de limpieza; aumenta lo que estás dispuesto a pagar por no hacer el trabajo tú mismo.

3.

En 1937 en Morelia, Michoacán mi tatarabuela escribió:

“… Hay que insistir aquí, en señalar el deber que tiene la Señora de la casa de ocuparse al detalle de la instalación de su servidumbre. Su habitación debe ser sana, limpia, su comida abundante, su salario regularmente pagad y con puntualidad. No concluye aquí su obligación; pues también de su parte moral debe ocuparse, manifestando, benevolencia y agrado por el esfuerzo de aquella, al cumplir con su deber. No habrían cundido tan rápidamente las ideas imperantes, si cada criado se sintiera “miembro” de la casa donde sirve.

En aquellas en que los criados cambian todos los meses, no puede haber paz interior. Las órdenes dadas al acaso, sin dignidad y con acritud, se ejecutan sin respeto y con indiferencia. Si aquella casa no tiene una dirección firme e inteligente, todo se resentirá, y si para colmo, al regresar el marido de su trabajo se le recibe con quejas vulgares de la servidumbre, la hora de la intimidad pasó, la sustituye el periódico o el casino. …”

4.

Me acuerdo que cuando Chabis llegó a la casa no hablaba bien español. Era chiquita, parecía más bien una niña y a pesar de tener mi edad, más o menos, me daba ternura. Era oaxaqueña. Había vivido en el norte, en Sinaloa, creo, donde recogía jitomates. La primera vez que regresó a su casa le robaron todo, hasta los zapatos, literalmente. Una mujer con un cuento de cobrar un dinero, una lotería y repartirlo con ella, la mandó sin zapatos a un banco cercano a la terminal donde esperaba su camión; cuando regresó para decirle que el banco estaba cerrado no había nadie, ni nada.

También le habían robado su reloj. Me acuerdo porque Francisco, que era bastante niño, le regaló el suyo cuando nos contó su historia.

Luego vino su hermana menor Paulina, se enredó en alguna secta cristiana. Nunca me tomé el tiempo de enterarme bien a bien quiénes eran, dónde estaban o de pensar en si debía convencerla de no hacerlo.

Al final se fueron las dos. A Chabis la pienso mucho todavía, le escribí una larga carta de despedida.

5.

En el ITAM llevé clases con un excelente profesor: Carlos de la Isla. Nos contó que él y su esposa no tenían muchacha, ni nunca la habían tenido, porque habían decidido no tener clases sociales dentro de su casa.

6.

Desde que nació mi hija han sido contadas las ocasiones en las que mi esposo y yo hemos salido juntos por la noche. No hay quién la cuide.