Este lunes en su columna escribió Carlos Bravo sobre el trabajo del académico y premio Nobel en economía James Heckman. Bravo nos provoca con titulando su artículo “Cuando la educación no hace diferencia” y explica que los estudios del economista encuentran que “el accidente de nacer es la principal fuente de desigualdad en Estados Unidos actualmente. La sociedad estadounidense está dividida entre quienes tienen habilidades y quienes no las tienen. El origen de esa desigualdad está en las experiencias de la primera infancia. Niños que nacen en entornos desfavorables corren un riesgo mucho mayor de no adquirir habilidades, de tener bajos ingresos y enfrentar dificultades personales y sociales como padecer mala salud, embarazarse durante la adolescencia o involucrarse en actividades criminales. Mientras celebramos la igualdad de oportunidades, vivimos en una sociedad en la que el nacimiento se está convirtiendo en destino.”

El tema no es nuevo, se inscribe bien dentro del debate de “naturaleza contra crianza” (nature vs nurture) y de la literatura sobre la inversión en capital humano. Cuando varios estudios encontraban que la genética domina la experiencia, el pesimismo tomó fuerza sobre el valor que tiene la educación como facilitador de movilidad social en la sociedad. ¿Cómo resolver este posible estancamiento? ¿Cómo lograr que los que nacen en una casa marginada rompan el ciclo? Heckman ha aportado un rigor científico y estadístico a soluciones que habían sido planteadas con anterioridad. A través de años de realizar estudios de seguimiento y logrando aislar el efecto de cada uno de los factores que inciden sobre el éxito socio-económico de las personas, él y otros economistas, psicólogos y doctores han logrado establecer el valor de las habilidades no-cognitivas o soft skills las cuales son desarrolladas en los primeros años de vida y que incluyen: habilidades interpersonales, madurez emocional, persistencia, habilidades de comunicación verbal y no verbal, entre otras. Es decir, aunque la genética predispone gran parte del resultado, a través de la inversión en el desarrollo humano en la primera infancia podemos modificar positivamente el resultado final.

Ahora bien, si pensamos que el gobierno tiene como misión facilitar la movilidad social y garantizar un mínimo de equidad, la pregunta relevante es ¿qué políticas puede implementar para lograrlo? Todo gobierno tiene un presupuesto limitado, así que debe encontrar la solución al problema de qué hacer con sus limitados recursos y dónde invertir de tal forma que se tenga un mayor retorno. Heckman responde esta pregunta señalando que dicha inversión es en políticas públicas que conjunten el fortalecimiento de las habilidades cognitivas y no-cognitivas en los primeros cinco años de vida; estas políticas tienen el mayor retorno en la inversión del capital humano; en especial, deberíamos invertir recursos públicos en la población más marginada.

Rendimiento por dólar invertido

Un ejemplo del tipo de políticas que han tenido buenos resultados en Estados Unidos y de la rigurosidad con la que se ha estudiado sus efectos, está el Perry Preschool Study. En él, se da seguimiento durante la vida de 123 niños que nacieron en la pobreza y tenían alto riesgo de no tener éxito en sus estudios. Una parte del grupo recibió educación preescolar de calidad, mientras otro grupo no recibió educación alguna. Después de la intervención, todos los participantes en el estudio siguieron con su vida y simplemente fueron contestando un cuestionario sobre sus actividades (si estudiaron, si trabajaban, cuánto ganaban, etc). El estudio encuentra que a la edad de 40 años quienes participaron en el primer grupo ganaban más dinero, era más probable que tuvieran trabajo, habían cometido menos crímenes, y tenían un mayor probabilidad de haberse graduado de la preparatoria.

perry

 

¿Y en México?

El gobierno de Calderón puso en marcha el programa de Estancias Infantiles (que depende de la SEDESOL) mediante el cual los hijos de madres trabajadoras (que viven por debajo de la llamada Linea del Bienestar) tienen acceso a un lugar en dónde dejar a sus hijos durante la jornada laboral. En el sexenio se abrieron al menos 9500 centros y se han atendido a más de 270 mil niños. Tal programa no fue una ocurrencia, está basado justamente en la investigación de prestigiosos académicos como James Heckman.

El grave problema es que el gobierno de Calderón en este, como en otros temas, tuvo una pésima política de comunicación social. Además de no haber mostrado a los ojos de la ciudadanía lo importante de un programa como éste, su terrible manejo de la tragedia sucedida en la guardería ABC en Hermosillo, han provocado que el debate y nuestra conversación pública ignore este importantísimo programa que le valió a México el reconocimiento por parte de la ONU. Ojalá el nuevo gobierno pueda separar y lograr por un lado administrar justicia y por otro transmitir la información relevante y aumentar el apoyo y el presupuesto a este tipo de programas porque un cambio así sí hace la diferencia.

 

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