No me quedé sola queriendo escribir un agradecimiento a Lujambio. Me encontré con varios itamitas que dejaron también sus comentarios. Se repite una y otra vez la admiración al profesor que daba clases con maestría, que nos hizo sentir a todos bienvenidos a las ciencias sociales y el agradecimiento a sus generosos comentarios. Sin duda es una gran pérdida para el ITAM y para el departamento de Ciencia Política.

Comentario de Julene Iriarte

Adiós profesor de Helena Garcia

Gracias Lujambio, Hasta Siempre Colega de Jorge M Galvan

Mi profe, Alonso Lujambio de Maira Colin

Gracias, maestro Lujambio de Maira Colín, Arturo Nuñez y Manlio A. Gutiérrez.

Gracias, colega de Marlene Guraieb

A Alonso Lujambio de Paloma F

Adiós, colega de Francisco Varela y Paloma Franco

Arquitectura parlamentaria, la pasión de Lujambio  de Sergio Holguin

Otros escritos: 

  • Hasta pronto colega de Alesiter Montfort.

Alonso Lujambio formó a varias generaciones de politólogos que hoy lamentamos, con profunda tristeza, su partida. Fue un maestro deslumbrante, que guiaba nuestras inquietudes de incipientes politólogos; tenía una inteligencia aguda y un humor que hacía sus clases tan interesantes como divertidas. Hasta hace un par de semanas, aún nos dejó ver que era un hombre lúcidamente lúdico.

Además de gran profesor, Alonso brilló como pocos en esta disciplina. Me siento afortunado de haber sido su alumno.

Lujambio fue también un hombre generoso; a lo mejor por eso despertó entre quienes le conocieron, además de admiración, un cariño y empatía que no vi en mis años por el ITAM. Aún recuerdo la primera nota que me saqué en su clase de Introducción a la Ciencia Política; decía algo así como: “buena pluma Aleister, veo un colega politólogo ya mismo”. Yo no era ni politólogo ni escribía bien, pero esos gestos, que eran reiterados hacia sus alumnos, alimentaron en nosotros no solo una pasión por la ciencia política y un deseo por conocer que pocos maestros cultivaron, sino un afecto genuino hacia él.

Como pocos, Lujambio fue cuidadoso en cultivar los afectos, esos que en estos momentos se expresan aquí y allá en las redes sociales, y que no nos alcanzan para expresar la tristeza que nos produce su partida.

Me entristece profundamente su muerte. Lo lamento en lo personal y por el país, donde escasean hombres de su estatura. Descansa en paz querido colega.

 

  • De Alejandro Lopez Tenorio
…y en una de esas tertulias que armabamos en la representación de alumnos, a alguien se le ocurrió preguntarle a Lujambio: ¿por qué estudiaste Ciencia Política? Nunca se me va a olvidar la respuesta: “Espero que por las mismas razones que todos los que están aquí, porque algo de cómo funciona la sociedad me molesta” (o algo así, al menos esa es la versión que se me quedó grabada).
  • De Manuel Cabal
La transición a la democracia sucedió frente a nuestras narices, como un gran elefante caminando justo frente a nosotros. Pero aunque podíamos sentir sus pelitos rozándonos, pocos fueron los que lo advirtieron.- A. Lujambio (Paráfrasis, primavera 2004)
Como ensayo final analicé el sistema de partidos uruguayo en el siglo XX. Le metí autores marxistas, institucionalistas y hasta de elección racional. Era una cosa sicótica, pretenciosa, mal escrita y mal estructurada… Pero fue Alonso Lujambio el que me hizo ver el tipo de politólogo (prefiero científico social) en el que no podía evitar convertirme: uno obsesionado con amar y despreciar todas las metodologías al mismo tiempo… Y que eso podía ser interesante. Así me lo puso y así lo comentó cuando se tomó el tiempo de discutir los trabajos con los alumnos. En mi paso por el ITAM apenas una tercia de profesores son la razón por la que me considero titulado de Ciencia Política y no de otra cosa, uno de ellos fue Alonso Lujambio. Como su alumno, estoy convencido de que México perdió trágicamente la oportunidad de verlo en acción como legislador.
Tuve la fortuna de tener muchos y muy buenos maestras y maestros, pero nadie nunca logró imprimir una huella tan profunda, en mi vocación por lo público, en el conjunto de intereses que me ocupan y en la idea que tengo de lo que debe ser un compromiso con las mejores causas de México, que lo que aprendí como alumno, colega y amigo de Alonso Lujambio.
Animado por la pasión que Alonso ponía en todo, fue su influencia la que me empujó a escribir. Escribí solo o en colaboración con otros de sus alumnos, artículos precoces en revistas importantes. Ahí, en esas líneas en las que citábamos a Lujambio con sólida autoridad, descargué con más ánimo que talento ideas que consideraba mías, pero que en realidad, tomé prestadas de él.
  • De Mariana Medina
A Alonso Lujambio le debo mucha de mi vocación. Su pasión por entender las instituciones era realmente contagiosa en el salón de clases y fuera de él. Fue muy buena persona, y me hizo sentir realmente como una “colega” aunque apenas estuviera haciendo mis pininos. Espero algún día en mis estudiantes tener la mitad del impacto que Alonso Lujambio tuvo en los que lo conocimos. Es un día muy triste. Descanse en paz, colega.
Hoy, es uno de los días más tristes que recuerdo. Hoy, México pierde a una gran ser humano, a un excelente politólogo y académico de una excelsa pluma, a un demócrata comprometido con el fortalecimiento de nuestras instituciones. Hoy, yo pierdo a un Profesor, a un Jefe, a un colega, a un gran amigo: a mi mentor e inspiración. Alonso, siempre llevaré contigo todas tus enseñanzas, no tengo palabras para agradecer todo lo que hiciste de mí. Descansa en paz, Alonso.

Hoy México pierde a una de sus grandes mentes, a uno de sus mejores politólogos. Alonso Lujambio fue mi profesor, uno de los mejores que he tenido, y sus enseñanzas se quedarán conmigo toda la vida. Poseía una pasión por México, una inteligencia y vitalidad tales, que da mucha rabia que se lleve la huesuda. Ni hablar, descanse en paz.