El gran obstáculo para que la sociedad civil tenga un impacto real en la política es que hay que organizarse en torno a algo para lograrlo. Sin la reelección de diputados y senadores, pocos incentivos tienen nuestros representantes para enterarse de cuáles son los intereses de sus representados, o para legislar en contra de los intereses de sus partidos. Me parece que hay dos opciones sobre qué es ese algo alrededor de lo que los ciudadanos pueden organizarse.

Una opción es formar un grupo, concentrar cierto poder y luego tratar de hacer todo lo que se pueda. La fuerza está en los números. Y sí, si se trata de llegar a las noticias a través de marchas, por ejemplo, se necesitan muchos cuerpos. Al mismo tiempo, la tentación de hablar por todos es grande; cuántas marchas exigen en nombre de “la ciudadanía” o de “el pueblo” tal o cual cosa. El peligro es que o no se le da voz a todos los “representados” o que se convierta en un movimiento aglutinador un tanto esquizofrénico.

Entre estos movimientos masivos los dos casos recientes más visibles han sido el movimiento YoSoy132 y el de Javier Sicilia. En un primer momento el movimiento de Javier Sicilia parecía conformarse de todo aquel que estuviera “hasta la madre”, frase que funcionó como bandera universal, pero que en sus primeras marchas parecía que cada quien gritaba por razones completamente distintas. El grito de “hasta la madre” puede ser útil: un desahogo colectivo, un “aquí estamos y estamos inconformes” pero se queda corto para presentar propuestas y lograr un cambio. Este movimiento supo mutar y con las caravanas que han recorrido México y Estados Unidos se ha enfocado en darle cara, nombre, y contenido a los números de víctimas. Así, también podrá tener más impacto sobre algunas políticas públicas, a decir, la ley de víctimas.

El YoSoy132 generó muchas expectativas. Entre las más comentadas estuvo el hecho de que estudiantes de universidades privadas y públicas trabajaran juntos. En efecto, mientras el punto de enfoque fue estar en contra de Enrique Peña Nieto y de la manipulación de la información por parte de los medios, la cohesión del movimiento fue sólida. Muchos marcharon y protestaron, ahí estaban los cuerpos. Pero les ha resultado difícil crear una agenda amplia sin contradicciones y sin alienar a parte de sus simpatizantes.

De estar dispuestos a sacrificar titulares en los periódicos a cambio de impacto en las políticas públicas, las organizaciones de la sociedad civil pueden especializarse y buscar influenciar a los legisladores. Se trata de tener quejas específicas y claras y cuando se pueda presentar propuestas de soluciones. Quien marcha sabe porqué se está marchando. Esta simplicidad no significa que no se ataquen problemas complejos: educación, mejoras al sistema de justicia, reforma política, etc.

Organizarse alrededor de temas parece ser mucho mejor que de personas o de ideas muy generales que luego cada quien puede rellenar con el contenido que quiere. Si vamos a tener una sociedad civil más activa, sería bueno discutir el tipo de asociaciones que queremos y que necesitamos. No hace falta hablar en nombre todos. Hace falta tener un mensaje claro para que quien quiera se una a la causa de forma tan activa como guste (firmar, marchar, etc). Todo esto no es nada nuevo, por supuesto. En Animal Político, por ejemplo, se puede seguir el blog de ANCA y estoy segura que hay más ejemplos.