Le he tomado gusto a estar al tanto de la discusión y la crítica de cine y la televisión. Si bien hasta hace poco había no pocos intelectuales respetables que preferían no tener televisión, simplemente porque no la necesitaban: no había nada de interés ahí; hoy sería difícil darle la razón a quien propusiera que ver la pantalla chica no aporta nada.

Han explotado el número de críticos y de blogs que hablan de cine y televisión, se discute con enorme detalle lo que sucede en cada uno de los dramas que se transmiten de manera semanal y se ha vuelto recurrente la discusión sobre si la televisión ha desplazado al séptimo arte, las ventajas y desventajas de un género sobre el otro, sus diferencias y similitudes. Unos apuntan a la profundidad de personajes que se consigue en la televisión, otros a la “experiencia” de ir al cine, la diversidad de géneros y experimentos que éste permite, etc.

La última discusión es sobre cómo ver la televisión. En un post publicado por Jim Pagels en su blog de la revista Slate: Stop binge-watching, que se podría traducir como Alto al atasque, o algo así, Pagels habla del fenómeno de encerrarse en un cuarto y no salir hasta no haber completado toda la temporada de la última serie de televisión.

Cada vez más personas deciden pasar un fin de semana encerrados en su casa, sentados frente al televisor viendo todos los capítulos de una serie sin interrupciones comerciales y sin tener que esperar una semana más para saber qué hará su personaje favorito (sea éste Don Draper o Walter White). Esto ha llegado a México como producto de importación junto con las adictivas series norteamericanas – a nadie se le ocurriría sentarse a ver todos y cada uno de los capítulos de alguna telenovela mexicana de un jalón.

Según Pagels, el maratón televisivo no es la mejor forma de disfrutar una serie. Un rápido resumen de su argumento (que se puede leer aquí en inglés), que él mismo enumera en cinco puntos, es que: 1) Cada episodio tiene su integridad y no debemos perder de vista los dos arcos narrativos: el de la serie en su totalidad y el de cada capítulo. 2) El suspenso necesita tiempo. El placer de pensar sobre qué sucederá, cambiar de opinión al respeto, etc, desaparece cuando vemos toda la serie de corrido. 3)  Los resúmenes y las comunidades on-line donde se discuten las series dejan de agregar valor a las series. 4) Los personajes deberían ser parte de nuestras vidas, no alguien con quien pasamos dos intensos días y nunca volvemos a ver. 5) Finalmente, tomar descansos, mantiene el itinerario de la televisión, es decir, entre episodios la vida de los personajes, mientras no los veíamos.

Linda Holmes no está en absoluto de acuerdo con Pagels, y aprovecha para avisarnos del tono que los comentadores han tomado cuando dan instrucciones sobre cómo consumir cultura. Para ella, hay muchas formas de disfrutar un programa, todas válidas. Más aún, dice Holmes, cuando se trata de ver la televisión no debería de haber alguien que nos diga que la forma en la que lo hacemos está mal.

Así como hay historias que se disfrutan más en la pantalla grande y otras que necesariamente tienen que durar más que un par de horas, hay series que se disfrutan más como una presencia constante que puede durar años, y hay series que invitan al atasque. En lo personal, ver una serie en un fin de semana de televisión sin parar, me resulta difícil: no puedo dormir pensando en lo que pasará, repito diálogos en mi mente constantemente y después de unos cuantos días no recuerdo bien qué fue lo que pasó y en qué orden. Coincido con la regla propuesta por Pagels, ver un capítulo por día, y dejar pasar un par de semanas entre temporadas, aunque el mismo Pagels aceptó en una entrevista en NPR que no ha logrado convencer a sus amigos de seguirlas.