Entre el Keep Calm and Carry On y el Don’t Panic, organise!

Desde niños nos han dicho una y otra vez que si queremos que el país cambie, cambiemos nosotros. Han pasado los años y seguimos en lo mismo, la gente nos sigue pidiendo que cambiemos para transformar al país, que hagamos lo nuestro y pongamos nuestro granito de arena. Hoy sigo viendo muchos de los problemas de los que se quejaban en mi niñez, ¿Será que en todo este tiempo nadie ha querido cambiar? O, tal vez, no es cuestión de voluntad, sino de perseverancia, ¿lo intentaron y fracasaron?

Lo cierto es que a la gran mayoría de la gente que me rodea, yo no me atrevería a pedirle que cambie. Son honrados, trabajadores, se preparan lo mejor que pueden, digamos que hacen su parte. Si bien la filosofía del granito de arena no refleja más que buenas intenciones, no ha sido mucho más que eso. Con los flacos resultados que tenemos después de tantos años de aplicar la regla veo tres posibles explicaciones: la primera, bastante pesimista, es que la gente no aporta, ni siquiera, su granito; la segunda, que es más realista, es que hacer cada quien su parte no es suficiente; o la tercera, que es más constructiva, es que hemos malinterpretado qué es el granito de arena.

El aportar un granito termina, algunas veces, produciendo consecuencias no intencionadas. Me explico. En México los políticos y la política han tenido tan mala fama que los ciudadanos han buscado encontrar soluciones al margen de ella, y así se ha generado un mayor vacío permitiendo que nuestros gobernantes no nos representen, ni nos rindan cuentas. La arena aportada no puede ser únicamente “dar buen ejemplo” y confiar en que los demás harán lo mismo sin tomar en cuenta que los incentivos a ser corruptos y a ver sólo por los intereses propios siguen sin ser tocados.

En algunos casos, es tan clara la falta de resultados que valdría la pena preguntarse si por su pequeñez y la forma en que brilla a veces la arena, la hemos confundido con unos polvos mágicos. Hay comportamientos que parecen no ser contagiosos, y parece que son los más deseables. ¿Qué pasaría si en lugar de aportar arena, aportáramos cemento? Aportar cemento requiere más trabajo que aportar arena, requiere también agua, mezclar, construir. ¿Es más trabajo? por supuesto, pero se trata una inversión de largo plazo y que tiene un efecto multiplicador.

Se podría leer lo anterior como un intento de desmontar la sabiduría popular. De hecho, es mucho menos que eso, se trata de aplicarla de distinta manera, de maximizar la eficiencia y lograr que nuestras acciones no den ejemplo, sino que busquen garantizar el comportamiento propio (reconociendo nuestros límites y fallas) y el ajeno. La propuesta es encontrar la forma en que con la mínima aportación se maximicen los resultados. Tampoco es nada nuevo, se trata de construir instituciones, hacer acuerdos, proponer leyes, fortalecer a la sociedad civil, organizarnos mejor. Además de conseguir construcciones sólidas, de esta forma, damos a conocer qué nos interesa a la colectividad, en dónde estamos poniendo nuestro esfuerzo, y qué tan comprometidos estamos, es decir, aumenta la información que facilita las acciones colectivas. He escuchado varias críticas a los movimientos que se están dando, a quienes critican les propongo: si crees que su agenda no es la óptima, no los critiques, organízate.

Es tiempo de hacer un poco más.

Twitter: @la_juleniux
Foto de Martin Duggan